De procesión tras el lobo


La Semana Santa pasada, entre los días 2 y 5 de abril, Llobu organizó las jornadas Tras el lobo en la Sierra de la Culebra con sede en Villardeciervos. Como el propio nombre indica, fueron unos días centrados en el lobo ibérico en la Culebra: estudio del animal, su impacto socioeconómico para la zona y sesiones de avistamiento de fauna.

Ojos de lobo

Ojos de lobo. Autor: Adrián Leal

Día 1: Comienzan las jornadas

Instalados formalmente en Villardeciervos desde las 12 de la mañana del 2 de abril, Javier Talegón (guía de todas las actividades de Llobu) nos impartió una charla introductoria sobre el lobo en el Centro Medioambiental de la villa.

Fue una primera aproximación al animal en la que vimos su pelaje, la forma de su cráneo y otras particularidades de su anatomía y en qué se distingue de los perros, y también del hombre. Así, durante el estudio de las diferencias y analogías que presentan los lobos respecto a los humanos, descubrí que los lobos siempre van erectos debido al báculo o hueso peneano.

Estudio de pieles

Estudio de pieles

Después de comer en el centro de turismo Remesal (hábito que tuvimos casi todos los días, sin obviar los desayunos), tuvimos otra charla-estudio del lobo y su situación.

A esas alturas sabíamos que los lobos tienen un hueso punk (cresta ósea con fuertes músculos para masticar) y que la trufa (fosas nasales del hocico) tiene conductos helicoidales que le permiten olfatear mejor. Nos acercábamos al nivel de experto en la teoría, ya sólo faltaba acercarnos en la realidad.

Cráneo de lobo

Cráneo de lobo

Antes de la puesta del sol, tomamos posiciones donde Javier nos indicó para utilizar los telescopios y tratar de ver fauna (no sólo buscamos al lobo, también disfrutamos de ver ciervos, corzos o zorros). Lo primero que ví fue un zorro, y aunque en ese momento hubiese avisado ¡lobo!, el guía me indicó que eso era un zorro.

Disfruté de las siguientes dos horas y medias contemplando el bello paisaje de amplios brezales, robledales y pinares que jalonan la Culebra antes de retirarnos. La falta de lobos la compensó la presencia de ciervos, más fáciles de avistar, que no faltaron en ningún momento.

Día 2: El bello fondo

Entre 6 y 6:30 de la mañana tocaba levantarse de la cama. Estaba previsto desayunar a las 6:30 y salir hacia un nuevo avistamiento a las 7.

Con el cielo oscurecido, sin desperezarse el sol, nos presentamos en el lugar de reunión para llevar el equipo telescópico y ubicarnos (era el mismo ritual a diario). No creo que convenga repetir que hice lo mismo a lo largo de siete intentos de avistamiento del lobo, con los ciervos en algún sitio y con el paisaje de fondo. Me limitaré a decir que tuvimos alguna que otra mañana fresca.

Rasca mañanera

Rasca mañanera

Después de observar por la mañana, dimos una vuelta alrededor de San Pedro de las Herrerías para analizar huellas y todos los tipos árboles que encontramos.

Oscuro y retorcido

Oscuro y retorcido

Ese viernes tuvimos más conferencia sobre el impacto socioeconómico del lobo: ¿realmente la caza aporta más dinero que tenerlo como reclamo vivo a observar? ¿Pueden convivir lobos y ovejas sin perjuicio para ninguno?

Día 3: Grandes guardianes, míticos lobos

El sábado fue un gran día. Entre otras cosas, aprovechamos para delirar sobre diferentes variedades de lobo (alguna de ellas excepcionales). Al margen de las sesiones de avistamiento asiduas de amanecer y puesta de sol, al mediodía fuimos a ver a un ganadero sin problemas lobunos, y por la tarde visitamos Lubián y su Cortello de los Lobos.

Bailando entre mastines

Acerca de las posibilidades de la ganadería extensiva debidamente protegida (empleo de mastines y rediles bien acondicionados), fuimos a ver a Alberto, un ganadero de ovino de la zona que practica el régimen semiextensivo (una parte del ganado queda estabulado) y no ha tenido percances con el lobo.

Tamaño mastín

Tamaño mastín

Nada más bajarnos del coche nos recibió con su séquito de mastines. Aunque no son animales exóticos para mí, reconozco que cuando vienen seis hacia uno a oler e identificar, aunque sea en son de paz, no pude evitar sentir intimidación. Uno sabe que de un mordisco nos podrían aviar, pero bueno, sólo fue un pensamiento pasajero.

El tiempo que estuvimos con Alberto fue muy productivo. Vimos un gran rebaño afanado en el pasto, cómo se organizan los perros para guiar y proteger al ganado y tomamos nota de otros enemigos al margen del lobo, más relacionados con los precios. Casi con más fijación veterinaria que bióloga, todos quedamos bastante satisfechos, aunque Alberto esperaba que le cosiésemos a preguntas.

Apacible ganado

Apacible ganado

La trampa de cabrita

Llegamos a Lubián justo para comer y así reponer fuerzas.Acto seguido escalamos el monte de ladera adyacente al pueblo (buen ejercicio de muslos), y vimos el Cortello de los Lobos en lo alto de la ladera, que no en la cima. El Cortello es una trampa de cabrita, un corral con paredes de 3 metros de alto y techo descubierto, donde en el centro se colocaba una cabrita enjaulada.

Cortello de los Lobos

Cortello de los Lobos

La cabrita balaba por la noche y se convertía en un reclamo para el lobo (o la loba), que una vez que saltaba dentro de la corrala (la pendiente de la ladera lo permite así) no podía salir. A la mañana siguiente un paisano pasaba a ver si había presa y después se le dedicaba un trato pocas veces grato al lobo. Estas trampas no se datan con exactitud (su uso se generalizó al final de la Reconquista), pero se cree que dejaron de utilizar entorno a los años 30 del siglo XX.

Cuesta abajo hacia Lubián

Cuesta abajo hacia Lubián

Día 4: Un buen recuerdo

El domingo, día de caras largas (se aproximaba el fin de los buenos días), tuvimos una recompensa tras casi veinte horas de observación. Después de mucho sobar el visor del telescopio, ¡llegamos a ver un lobo! Un minuto y medio de observación que exprimí hasta el último segundo. Pude ver a un lobo paseando, tranquilo, en dirección hacia unos corzos que habíamos visto minutos atrás.

El lobo es un animal muy discreto, extremadamente escurridizo, y verlo a kilómetros de distancia (imprescindible para no alterarle el hábitat), entre tanta jara, brezo y algún roble, no es nada fácil. Así pues, todos nos fuimos con una satisfactoria sensación de recompensa, que no hubiese sido menos sin haber visto al cánido (sabíamos de la dificultad de verlo).

El día se terminó antes de comer con un par de charlas más sobre el lobo, acerca de los factores culturales de su existencia y su presencia en los medios de comunicación. La sesión estuvo completa con un muestra de diferentes huellas de animales, aunque nosotros nos fijamos en la de lobo.

Huella de lobo

Huella de lobo

Fueron unos días muy buenos, muy interesantes y en los que pude estar en saludable contacto con la naturaleza. El estudio concentrado del lobo me ha hecho empatizar con él. Es cierto que ahora meo de lado, pero no es nada que un buen lobo salchicha no pueda corregir.

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